Seguro de auto
Cubre los daños de tu carro y los que le causes a otros, con asistencia jurídica, grúa y vehículo de reemplazo.
Ver qué cubre →Cubre robo de fondos, suplantación de identidad, fraude en compras en línea, extorsión cibernética y ciberacoso.
Entras a la app del banco por costumbre, sin ninguna alarma, y el saldo no es el que dejaste anoche. Tres transferencias que no hiciste, hechas desde tu propio usuario, con tu propia clave. O peor: te llama una entidad a cobrarte un crédito que nunca pediste, sacado con tu cédula, en una ciudad donde nunca has vivido.
Ese es el terreno del seguro de ciberseguridad. No protege el computador —para eso está el antivirus—: protege el dinero, la identidad y la reputación cuando alguien los usa en internet sin tu permiso, y cubre lo que cuesta recuperarlos.
Es un ramo joven en Colombia y por eso conviene entender bien qué hace cada plan antes de firmar, porque las coberturas cambian de forma importante entre uno y otro.
El producto se estructura en tres planes con coberturas distintas. Los planes superiores incluyen las coberturas del plan anterior y suman las suyas.
Cuando una transacción es claramente fraudulenta y el banco lo reconoce, el banco responde. El problema es todo lo que queda por fuera de ese reconocimiento.
Las entidades financieras distinguen entre el fraude que ocurre pese a sus controles y la operación que consideran autorizada por el cliente. Si te suplantaron una llamada, te llevaron a una página falsa y tú entregaste el token, la entidad puede concluir que la transacción la aprobaste tú y negar la devolución. Ese es exactamente el hueco que cubre el amparo de robo de fondos: responde por el dinero sustraído de tus productos financieros mediante fraude o robo en línea, hasta el valor asegurado, sin depender de que el banco acepte su parte.
Que alguien saque un crédito con tus datos tiene dos costos y el segundo casi nadie lo calcula. El primero es el monto. El segundo es el proceso de demostrar que no fuiste tú: denuncia, cartas a cada entidad, reclamaciones ante las centrales de riesgo, correcciones que hay que repetir porque el reporte reaparece, meses con el crédito bloqueado justo cuando ibas a comprar algo.
Esa recuperación es la que consume tiempo y honorarios. La cobertura de robo de identidad está pensada para eso: los gastos en que incurres para restablecer tu identidad y limpiar tu historial, no solo la plata que se llevaron.
Pagas por algo en una tienda o en un marketplace, el vendedor cobra y el producto no llega, o llega algo distinto a lo comprado. Reclamas, el chat deja de responder y la cuenta desaparece.
El amparo de ventas en línea, incluido desde el Plan Cyber Ultra, responde por el valor de esas transacciones cuando el fraude se puede acreditar. No cubre el arrepentimiento ni el mal negocio: cubre el engaño.
Alguien cifra los archivos del computador de la casa y pide un pago para liberarlos. O consigue fotos privadas y amenaza con publicarlas. Este amparo cubre los gastos asociados a manejar esa situación y, según el plan, el pago del rescate cuando no hay otra salida técnica. Lo verdaderamente útil aquí es el acompañamiento: saber a quién llamar, qué denunciar y qué no hacer, en un momento en el que la reacción natural es pagar rápido y en silencio.
El amparo de ciberbullying, ciberacoso y pérdida de reputación existe sobre todo por los menores de la casa. Un adulto que recibe un ataque en redes suele poder ignorarlo; un adolescente al que le abren un perfil falso, le difunden una imagen o le organizan una campaña en el colegio, no.
Lo que la cobertura financia son los gastos de responder: asesoría legal para exigir la retirada del contenido, apoyo psicológico y, en algunos casos, la gestión especializada para limpiar lo que quedó publicado. Si en tu casa hay menores con celular, este amparo suele pesar más que el de reposición de hardware.
Conviene tenerlo claro antes, no después. La negligencia grave queda por fuera: compartir claves, prestar el token, dejar la sesión abierta en un equipo ajeno, entregar datos a un desconocido después de una advertencia expresa. Las pérdidas en criptomonedas tampoco entran. Y no hay cobertura para el que participó del fraude o lo provocó.
Ninguna póliza cíber sustituye lo básico: doble factor de autenticación, claves distintas por servicio y desconfianza sana con los mensajes que meten prisa.
Calma es una agencia de seguros. Comparamos las opciones de varias aseguradoras, te explicamos qué cambia en concreto entre un plan y el siguiente, y te ayudamos a elegir según lo que de verdad haces en línea: cuánto mueves por la app del banco, si compras en marketplaces, si hay menores en casa. La asesoría no tiene costo y un asesor te acompaña desde la cotización hasta la reclamación.
Los planes superiores incluyen las coberturas del plan anterior.
Las coberturas exactas y sus límites varían por aseguradora y por plan. En la asesoría te mostramos el detalle de cada una.
El Plan Cyber Plus cubre robo de fondos, robo de identidad, restauración de datos y descontaminación de software malicioso, y responsabilidad por violación de privacidad y seguridad de datos. El Plan Cyber Ultra suma reposición de hardware, ciberbullying y pérdida de reputación, extorsión cibernética y ventas en línea. El Plan Cyber Prime suma responsabilidad por seguridad en la red, responsabilidad por violación de datos de un tercero y cobertura smart home.
El banco responde cuando reconoce el fraude. Si concluye que la transacción la autorizaste tú porque entregaste el token o la clave tras un engaño, puede negar la devolución. El amparo de robo de fondos cubre justamente ese escenario, hasta el valor asegurado.
Los gastos de recuperar tu identidad: asesoría y trámites para desconocer los productos abiertos a tu nombre, reclamaciones ante centrales de riesgo y corrección de tu historial. El costo mayor de una suplantación suele ser ese proceso, no solo el monto sustraído.
El amparo de ventas en línea, incluido desde el Plan Cyber Ultra, responde por el fraude en compras y ventas por internet cuando se puede acreditar el engaño. No cubre el arrepentimiento ni un mal negocio.
Es su uso más frecuente. Financia los gastos de responder a un caso de ciberbullying o suplantación en redes: asesoría legal para exigir la retirada del contenido, apoyo psicológico y gestión de la reputación en línea.
Cuando alguien cifra tus archivos y pide un pago para liberarlos, o amenaza con publicar información privada. La cobertura ampara los gastos de manejar la situación y, según el plan, el pago del rescate cuando no hay alternativa técnica.
La negligencia grave, como compartir claves o prestar el token; las pérdidas en criptomonedas; los fraudes en los que participa el propio asegurado; y los incidentes ocurridos antes de que la póliza empezara a regir.
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Ver qué cubre →Paga una suma asegurada a las personas que designes si faltas, y también responde en caso de incapacidad o enfermedad grave.
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