Seguro de auto
Cubre los daños de tu carro y los que le causes a otros, con asistencia jurídica, grúa y vehículo de reemplazo.
Ver qué cubre →Ahorro programado para pagar la universidad de tus hijos, con un amparo que sostiene el plan si tú faltas durante el camino.
Tu hijo está en primaria y la universidad se ve lejísimos. Pero si alguna vez comparaste lo que cuesta hoy un semestre en una universidad privada con lo que costaba cuando tú estudiaste, ya sabes hacia dónde va la cuenta. El problema no es que no puedas pagarla: es que te va a llegar toda junta, en un momento de la vida en el que tu ingreso probablemente ya no esté en su punto más alto.
El seguro educativo existe justamente por ese desfase. Te permite ahorrar durante tus años más productivos para pagar unos estudios que se van a cobrar mucho después, a precios que hoy nadie conoce.
Y no es una cuenta de ahorros con nombre bonito. Tiene dos piezas que trabajan juntas: un ahorro programado con un objetivo y una fecha, y un amparo de seguro sobre la vida de quien ahorra. Entender cómo encajan esas dos piezas es entender el producto completo.
Defines dos cosas al contratar: el valor de la carrera que quieres cubrir y el año en que tu hijo debería entrar a estudiar. Con esos datos la aseguradora calcula el aporte periódico que necesitas hacer desde hoy hasta esa fecha. Pagas mes a mes durante tu etapa productiva y, cuando llega el momento, el dinero se desembolsa para pagar los estudios.
Los planes se acomodan a tus posibilidades de ahorro: puedes mover el aporte mensual y el valor asegurado hasta que la cuota sea sostenible. Y esa palabra importa: el producto está diseñado para funcionar con aportes constantes, así que un plan que suspendes y reactivas pierde buena parte de su sentido.
El desembolso no tiene que pasar por tus manos. Puede hacerse directamente al centro educativo o entregarse a un acudiente designado, como tú lo definas. Tampoco te amarra a una universidad colombiana: los planes cubren también estudios en el exterior.
Aquí está la diferencia real frente a cualquier otra forma de guardar plata, y es lo que más gente pasa por alto. Las matrículas universitarias tienen una dinámica de precios propia y, año tras año, han subido por encima del promedio de la economía. Si guardas una cifra fija en una cuenta, persigues un blanco que se mueve más rápido que tu ahorro: la cuenta que hiciste hoy sobre el valor de la carrera es casi con seguridad una subestimación.
El seguro educativo se compromete con el costo total de la carrera sin importar los incrementos que tenga. Es decir, lo que aseguras no es un monto de pesos: es la carrera. Ese traslado de riesgo —del papá a la aseguradora— es la razón de ser del producto, y es lo primero que deberías comparar entre planes.
Esta es la pieza que convierte el producto en un seguro y no en un plan de ahorro más.
El riesgo de fondo no es que la universidad suba de precio. Es que la persona que está ahorrando falte —por fallecimiento o por una invalidez— justo en la mitad del camino, cuando ya se hicieron unos aportes pero falta la mayoría. En una cuenta de ahorros, ahí se acaba el plan y el hijo hereda lo que alcanzó a acumularse. En un seguro educativo, el amparo entra a sostener el objetivo: la carrera queda garantizada aunque los aportes se detengan.
La forma exacta en que opera ese amparo cambia entre aseguradoras y entre planes. En unos se exoneran los aportes pendientes y el plan sigue vigente hasta el final; en otros se anticipa el capital o se paga una renta. Cuál de esas modalidades tiene tu plan es lo primero que hay que leer en el condicionado. Escribimos sobre esta decisión con más calma en el seguro educativo y el futuro de tus hijos.
Es una pregunta razonable: los hijos cambian de idea, se ganan una beca, entran a una universidad pública o deciden no estudiar una carrera profesional.
Lo que hay que revisar antes de contratar es qué pasa en cada uno de esos escenarios: si el dinero se puede redirigir a otro beneficiario, a otro tipo de formación —técnica, tecnológica, posgrado, estudios en el exterior— o si se entrega al acudiente cuando llega la fecha sin que haya una matrícula que pagar. También conviene preguntar por el rescate anticipado: qué recibes si decides terminar el plan antes de tiempo y cuánto castigo tiene esa salida. Es donde más vale la pena comparar.
La variable que más pesa en este producto no es la aseguradora ni el plan: es el tiempo. Entre más años haya entre hoy y el primer semestre, más pequeño es el aporte mensual necesario para llegar al mismo objetivo, porque hay más periodos entre los cuales repartir el esfuerzo y más tiempo para que el ahorro trabaje.
Dicho al revés: cada año que pospones encarece la cuota de todos los años que quedan. Empezar en preescolar y empezar en noveno son dos productos con precios muy distintos, aunque el objetivo sea el mismo.
Un fondo de inversión te da rentabilidad variable y liquidez: puedes sacar la plata, cambiar de estrategia y ver el saldo moverse todos los días. También te deja a ti todo el riesgo. Si el mercado va mal el año en que tu hijo entra a estudiar, el problema es tuyo. Si tú faltas, el fondo es lo que alcanzó a acumularse, ni un peso más.
El seguro educativo va en la dirección contraria: menos liquidez y menos flexibilidad, a cambio de un compromiso con un objetivo concreto y un amparo que protege ese objetivo frente al peor escenario. No son productos rivales y mucha gente usa los dos. Pero si lo que buscas es rentabilidad, este no es el producto; y si lo que buscas es que la carrera esté garantizada pase lo que pase, un fondo no te lo va a dar.
Calma es una agencia de seguros, no una aseguradora: comparamos los planes educativos de varias compañías, revisamos contigo el amparo por fallecimiento e invalidez de cada uno, la flexibilidad si tu hijo cambia de rumbo y el aporte que de verdad puedes sostener. La asesoría no tiene costo y un asesor te acompaña desde la cotización hasta el día en que haya que reclamar.
Las coberturas exactas y sus límites varían por aseguradora y por plan. En la asesoría te mostramos el detalle de cada una.
Es las dos cosas. Por un lado hay un ahorro programado con un objetivo y una fecha; por otro, un amparo sobre la vida de quien ahorra, que sostiene el plan si esa persona fallece o queda inválida antes de completar los aportes. Sin ese amparo sería solo una cuenta de ahorros.
Depende del plan. Algunos permiten redirigir el dinero a otro beneficiario, a formación técnica o tecnológica, a un posgrado o a estudios en el exterior; otros lo entregan al acudiente en la fecha pactada. Es una de las cláusulas que más conviene comparar antes de firmar.
Sí. Los planes de seguro educativo contemplan estudios en el exterior, con el pago hecho directamente a la institución o entregado a un acudiente, según como se defina al contratar.
Entre más temprano, mejor, porque el tiempo es la variable que más pesa. A mayor plazo entre hoy y el primer semestre, menor es el aporte mensual necesario para llegar al mismo objetivo.
Cada aseguradora define qué pasa con la vigencia y con el valor asegurado cuando se dejan de pagar aportes, y en algunos planes existen figuras de suspensión temporal. Por eso conviene definir desde el principio una cuota que puedas sostener incluso en un año difícil.
Un fondo te da liquidez y rentabilidad variable, pero deja todo el riesgo de tu lado. El seguro educativo entrega menos flexibilidad a cambio de comprometerse con el costo de la carrera y de proteger ese objetivo si tú faltas.
Ese es precisamente el riesgo que el producto traslada a la aseguradora: el compromiso es con el costo de la carrera, no con una cifra fija en pesos. En la asesoría revisamos cómo está redactado ese ajuste en cada plan.
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