Seguro de auto
Cubre los daños de tu carro y los que le causes a otros, con asistencia jurídica, grúa y vehículo de reemplazo.
Ver qué cubre →Protege tu bici contra hurto y daños, y cúbrete si atropellas a alguien. Aplica para bicicletas tradicionales, plegables y eléctricas.
Bogotá tiene más de seiscientos kilómetros de ciclorruta y una de las cifras de uso de bicicleta más altas de América Latina. También tiene una realidad menos celebrada: el hurto de bicicletas es constante, y una bici de gama media cuesta hoy lo que hace unos años costaba una moto.
El seguro para bicicletas cubre esa pérdida. Pero limitarlo a eso es quedarse corto, porque la cobertura que suele importar más es otra.
La responsabilidad civil. Si en una ciclorruta atropellas a un peatón, o si en una calle abres la puerta de la situación equivocada y terminas dañando un vehículo, tú respondes económicamente por las lesiones y los daños. Y a diferencia del valor de tu bici, ese monto no tiene un techo predecible.
En el mercado colombiano esta cobertura llega a límites de varios cientos de millones de pesos, y normalmente incluye la defensa jurídica con un abogado asignado. Es la parte del seguro que esperas no usar nunca y la que justifica tenerlo.
Ojo con lo que no cubre: la responsabilidad civil responde por el otro, no por ti. Las lesiones que sufras tú van por otra vía —el amparo de accidentes personales del plan o una póliza aparte de accidentes personales—, y es la distinción que más confunde al comparar cotizaciones.
Bicicletas tradicionales de pedal, plegables y eléctricas. La regla general del mercado es que si el vehículo requiere SOAT por ley —una motocicleta eléctrica, por ejemplo— ya no entra en esta póliza sino en una de vehículos.
También hay rangos de valor asegurable. Las aseguradoras suelen fijar un mínimo, porque por debajo de cierto monto el seguro no tiene sentido económico, y un máximo, que en el mercado llega a las decenas de millones de pesos para bicicletas de gama alta.
Una eléctrica de pedaleo asistido cabe en estas pólizas, pero casi nunca al mismo precio que una tradicional. Cuesta más, y el valor asegurado manda en la prima; alcanza velocidades mayores, lo que aumenta la gravedad de una caída y la exposición de responsabilidad civil; y carga una batería que es una pieza cara y apetecida para el hurto. Pregunta explícitamente si la batería y el motor quedan cubiertos y si el hurto de la batería sola está amparado: no todas las aseguradoras responden igual.
La bicicleta se asegura por un valor que tú declaras y la aseguradora acepta, y ese número hace dos cosas al tiempo: fija la prima y fija el techo de la indemnización. Declararlo por debajo abarata la cuota hoy y te deja corto el día del siniestro; declararlo por encima no sirve de nada, porque no se indemniza más de lo que valía.
Ahí la factura es determinante: acredita al mismo tiempo la propiedad y el valor, y con ella el trámite es directo. Sin factura no siempre es imposible asegurar, pero toca probar la propiedad de otra forma y el valor queda sujeto a lo que la aseguradora estime con fotos y número de serie. Si compraste de segunda, pide un documento de la venta y guarda el número de serie del marco.
Es la condición que más reclamaciones define. Casi todas las pólizas exigen denuncia formal ante la autoridad y, en muchos casos, evidencia de que la bicicleta estaba asegurada físicamente con guaya o candado en el momento del hurto. Léelo antes, no después.
Estas pólizas se diseñan para uso urbano y recreativo. El uso profesional —competencia, mensajería, domicilios— normalmente queda excluido o requiere una póliza distinta. Si usas la bici para trabajar, decláralo desde el principio.
La competencia queda por fuera por una razón concreta: una válida o una carrera con inscripción concentra mucha gente en poco espacio, a velocidad alta y con la bici exigida al máximo, y ese riesgo se cubre con productos específicos o con el amparo del organizador. Entrenar fuerte no es competir y sí está cubierto: la línea la marca la inscripción a un evento con clasificación.
Varias aseguradoras piden una inspección, que hoy casi siempre es virtual: fotos de la bicicleta, del número de serie y de la factura. Es rápido, pero conviene tener la factura a mano antes de empezar el trámite.
Es la distinción que define la mayoría de las reclamaciones. El hurto calificado ocurre con violencia sobre las personas o sobre las cosas: te la arrebatan, te amenazan, o revientan la guaya con la que estaba asegurada. El hurto simple no necesita violencia: la bici estaba suelta o en un parqueadero sin anclar, y alguien se la llevó caminando.
Las pólizas del mercado están pensadas para el primer caso; el segundo suele quedar excluido o sujeto a condiciones más estrictas. Esa es la razón de fondo por la que casi todas exigen que la bicicleta estuviera anclada a un punto fijo con guaya o candado: no es una formalidad, es lo que convierte el hecho en la clase de hurto que la póliza ampara.
De ahí dos consecuencias prácticas: el denuncio debe describir con precisión cómo ocurrió —si cortaron la guaya, eso va ahí— y conviene guardar la guaya rota y las fotos del sitio, que son la evidencia que sostiene la reclamación.
La póliza cubre la bicicleta como la declaraste. Si después le cambiaste el grupo, las ruedas o el sillín por componentes de gama superior, ese mayor valor no está cubierto mientras no se actualice la declaración. Con lo que se cuelga —computador, luces, portabultos, silla para niño— pasa algo parecido: los accesorios suelen ir aparte, con sublímite propio, y quedan por fuera si se hurtan por separado.
Capítulo aparte es el transporte. Muchas pólizas cubren la bici mientras se usa, pero no mientras viaja en la parrilla del carro, en la bodega de un bus o facturada en un vuelo, que es justo cuando más golpes recibe. Si viajas con ella, pregunta si esa situación está amparada.
Comparamos las opciones disponibles según el valor y el tipo de tu bicicleta, te explicamos con claridad las condiciones del hurto —que es donde se deciden las reclamaciones— y te acompañamos si toca reclamar. La asesoría no tiene costo.
Los límites y las coberturas opcionales cambian por aseguradora. En la asesoría te mostramos el detalle.
Sí, el hurto es una de las coberturas centrales. Casi todas las pólizas exigen denuncia formal ante la autoridad y, en muchos casos, evidencia de que la bicicleta estaba asegurada con guaya o candado. Es la condición que más define las reclamaciones, así que conviene leerla antes de contratar.
Sí, siempre que no se trate de un vehículo que requiera SOAT por ley. Las bicicletas eléctricas de pedaleo asistido entran sin problema; una motocicleta eléctrica ya necesita una póliza de vehículos.
Es la cobertura que responde si lesionas a un peatón o dañas un vehículo mientras montas. A diferencia del valor de tu bici, ese monto no tiene un techo predecible, y por eso suele ser la parte más valiosa de la póliza. Normalmente incluye defensa jurídica.
Depende del valor y el tipo de bicicleta. En el mercado las primas arrancan alrededor de los cien mil pesos anuales para bicicletas de gama media y suben con el valor asegurado y las coberturas opcionales.
No. Cada aseguradora fija un valor mínimo —por debajo del cual el seguro no tiene sentido económico— y un máximo, que en el mercado llega a las decenas de millones de pesos para gama alta.
El uso profesional o comercial normalmente queda excluido de las pólizas estándar. Si haces domicilios o mensajería, hay que declararlo y cotizar una póliza que lo contemple.
Varias aseguradoras la piden, y hoy casi siempre es virtual: fotos de la bicicleta, del número de serie y de la factura. Tener la factura a mano acelera todo el trámite.
Cubre los daños de tu carro y los que le causes a otros, con asistencia jurídica, grúa y vehículo de reemplazo.
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