Seguro de auto
Cubre los daños de tu carro y los que le causes a otros, con asistencia jurídica, grúa y vehículo de reemplazo.
Ver qué cubre →Cubre urgencias veterinarias, cirugías y responsabilidad civil de tu perro o gato, sin que una emergencia te descuadre el mes.
Una cirugía de urgencia por una obstrucción intestinal, una fractura después de una caída, un tratamiento prolongado por una enfermedad renal. Son las situaciones que ningún dueño planea y que, cuando llegan, obligan a decidir con la calculadora en la mano en el peor momento posible.
El seguro para mascotas existe para que esa decisión no dependa de cuánto tengas disponible ese día. Funciona parecido a un plan de salud: pagas una cuota mensual y la aseguradora cubre una parte —o la totalidad, según el plan— de los gastos veterinarios.
El costo de la medicina veterinaria en Colombia ha subido de forma sostenida, empujado por la misma tecnología que la hizo mejor: ecografías, resonancias, cirugías especializadas y tratamientos oncológicos que hace diez años simplemente no estaban disponibles para animales.
Una consulta general ronda cifras manejables, pero una cirugía de mediana complejidad con hospitalización puede costar varios millones de pesos. Ahí es donde una cuota mensual de un par de decenas de miles cambia por completo la ecuación.
Casi todas las aseguradoras ponen un tope de edad de ingreso, y algunas también exigen una edad mínima. Entre más joven entre tu mascota, mejores condiciones consigue y menos exclusiones por preexistencias va a arrastrar. Si tu perro o gato ya está mayor, todavía hay opciones, pero conviene revisarlas con calma.
Es el punto donde más gente se lleva sorpresas. Una enfermedad diagnosticada antes de contratar la póliza normalmente no queda cubierta. Si tu mascota tiene un diagnóstico previo, dilo desde el principio: es mejor saber qué queda por fuera que descubrirlo en la reclamación.
Casi ningún plan cubre desde el día uno. Suele haber un periodo —de días o semanas según la cobertura— antes de que puedas usar el seguro. Es normal y existe para evitar que alguien contrate el seguro con la mascota ya enferma.
Algunos planes funcionan por reembolso —pagas y la aseguradora te devuelve— y otros con red de clínicas afiliadas. Ninguno es mejor en abstracto: depende de si tienes un veterinario de confianza al que no quieres renunciar.
Dos perros de la misma edad y en la misma ciudad pueden pagar cuotas distintas, y la raza es buena parte de la explicación: la aseguradora tarifa sobre la probabilidad de que la mascota necesite atención y sobre cuánto cuesta atenderla.
Las razas grandes suelen pagar más por dos motivos que se suman: los problemas de cadera, codo y columna aparecen con más frecuencia, y casi todo lo que se cobra por peso —anestesia, medicamentos, días de hospitalización— cuesta más en un animal de cuarenta kilos que en uno de seis. Las de hocico corto, como el bulldog o el pug, tarifan por encima porque su anatomía respiratoria complica cualquier procedimiento con anestesia.
Varias aseguradoras piden una revisión veterinaria antes de emitir la póliza, y no es un trámite de forma: ese examen fija la línea de base. Se mira condición corporal, piel, dentadura, auscultación cardíaca y pulmonar, movilidad articular y el esquema de vacunación al día. Lo que aparezca ahí queda registrado como condición previa; lo que no aparezca queda, en principio, del lado de lo asegurable.
Por eso omitir un antecedente es mala idea: la historia clínica es un documento que la aseguradora puede pedir el día de la reclamación, y una omisión no solo tumba ese reclamo, puede comprometer la validez de la póliza entera por reticencia.
La pregunta que decide un plan no es qué cubre sino hasta cuánto. Suelen operar tres límites al mismo tiempo: un tope por evento, que es lo máximo por un siniestro concreto; un tope por cobertura, con techo propio para consultas, medicamentos, exámenes o cirugía; y un tope anual, la suma máxima que el plan paga en toda la vigencia.
Encima va el porcentaje de reembolso: hay planes que devuelven la totalidad del gasto cubierto y otros solo una parte. Un porcentaje alto con un tope anual bajo puede terminar pagando menos que un plan más modesto con un techo mayor: los dos datos se comparan juntos.
Necesitas avisar el siniestro dentro del plazo, la factura a nombre del tomador con el detalle de cada servicio —no un total global— y la historia clínica de esa atención con diagnóstico y tratamiento, firmada por el veterinario. La causa más común de una devolución no es que el evento estuviera excluido: es la factura sin desglosar o la historia sin diagnóstico.
Conviene separar dos cosas que se confunden: la edad máxima de ingreso, el tope para entrar por primera vez, y la edad de permanencia, hasta cuándo te renuevan una vez ya estás adentro. No todas las compañías la manejan igual: es una pregunta para el momento de cotizar.
Lo que sí cambia con la edad es la prima, que sube en cada renovación. De ahí una consecuencia práctica: cambiar de aseguradora con la mascota ya mayor implica empezar de cero con las preexistencias, así que la póliza que contratas temprano vale más por lo que acumula que por lo que cuesta hoy.
La responsabilidad civil. Si tu perro muerde a alguien en el parque o daña la propiedad de un vecino, tú respondes económicamente. Esa cobertura suele venir incluida y en la práctica es la que puede evitarte el problema más caro de todos, porque no tiene el techo predecible de una factura veterinaria.
El paralelo natural es el seguro de hogar, donde la responsabilidad civil responde por el daño que empieza en tu casa y termina en la del vecino. Si ya tienes esa póliza, revisa si su cobertura alcanza los hechos causados por tu mascota: a veces sí, a veces solo dentro del inmueble y a veces no los menciona.
No vendemos el plan de una sola aseguradora. Comparamos las opciones disponibles según la edad, la raza y el estado de salud de tu mascota, te ayudamos a leer los topes y el porcentaje de reembolso —donde de verdad se diferencian los planes—, te explicamos qué queda por fuera antes de firmar y te acompañamos si algún día toca reclamar. La asesoría no tiene costo.
Las coberturas exactas y sus límites varían por aseguradora y por plan. En la asesoría te mostramos el detalle de cada una.
La mayoría de aseguradoras en Colombia recibe mascotas desde los dos o tres meses de vida, siempre con el esquema de vacunación al día. Entre más joven ingrese, menos exclusiones por preexistencias va a tener la póliza.
Cada aseguradora fija su propio tope de edad de ingreso. Si tu mascota ya está mayor, todavía hay opciones disponibles, aunque con más restricciones. En la asesoría revisamos cuáles la aceptan.
No. Las enfermedades diagnosticadas antes de contratar la póliza se consideran preexistencias y quedan excluidas. Por eso conviene declararlas desde el principio: así sabes con precisión qué queda cubierto y qué no.
Depende del plan. Algunos funcionan por reembolso y te dejan elegir cualquier veterinaria; otros operan con una red de clínicas afiliadas. Si tienes un veterinario de confianza, dínoslo y buscamos un plan que lo permita.
Es la cobertura que responde si tu mascota causa un daño a otra persona o a su propiedad — una mordida, una caída provocada, un mueble destrozado en casa ajena. Suele venir incluida y es de las coberturas más valiosas.
Para ambos. La mayoría de planes cubre perros y gatos, aunque las tarifas y algunas condiciones cambian entre especies y según la raza.
Los planes del mercado arrancan alrededor de los trece mil pesos mensuales y suben según la cobertura, la edad y la raza. La diferencia entre un plan básico y uno completo suele estar en los topes de cirugía y hospitalización, que es justo donde se juega el valor del seguro.
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