Seguro de auto
Cubre los daños de tu carro y los que le causes a otros, con asistencia jurídica, grúa y vehículo de reemplazo.
Ver qué cubre →Respalda el cumplimiento de un contrato y responde por los perjuicios si el contratista no entrega lo pactado.
Ganaste la licitación, te llaman a firmar y en el pliego aparece una línea que no habías leído con cuidado: garantía única de cumplimiento con amparos de anticipo, salarios y estabilidad, con vigencias distintas cada uno. Sin esa póliza no hay firma, y sin firma no hay contrato.
Del otro lado pasa lo mismo. Contratas la remodelación de una bodega, giras el anticipo, el contratista desaparece a los dos meses con la obra a medias y descubres que perseguir ese dinero por vía judicial cuesta más tiempo del que tienes.
El seguro de cumplimiento se ocupa exactamente de ese punto: protege los acuerdos contractuales y cubre el pago de los perjuicios generados por el incumplimiento del contratista. Lo pueden tomar entidades estatales, personas naturales y empresas particulares, con coberturas para las etapas precontractual, contractual y postcontractual.
Esta es la confusión más costosa del ramo. Quien contrata con el Estado suele hablar de la póliza de cumplimiento como si fuera una sola cosa, cuando en realidad es un documento que agrupa amparos independientes, cada uno con su propio valor asegurado y su propia vigencia. Si el pliego exige cuatro y expides tres, la garantía se rechaza.
Opera en la etapa precontractual. Respalda que quien presentó la propuesta la sostenga: que no la retire, que firme si la adjudican y que constituya las garantías del contrato. Si el proponente ganador se echa para atrás, la entidad reclama contra este amparo.
Es el amparo central. Responde por los perjuicios derivados del incumplimiento total o parcial de las obligaciones, del cumplimiento tardío o defectuoso y, cuando aplica, por el pago de las multas y la cláusula penal pactadas.
Cubre que la plata girada por adelantado se use en el contrato y no en otra cosa. Es un amparo distinto del de cumplimiento y muchas veces el más grande de todos, porque su valor asegurado se calcula sobre el monto entregado, no sobre el contrato completo. Un contratista que gasta el anticipo en otro frente activa este amparo aunque la obra termine.
Protege al contratante frente a las deudas laborales del contratista con su propio personal. Importa porque en muchos casos el contratante puede terminar respondiendo solidariamente por esas obligaciones, y este amparo es lo que evita que un problema de nómina ajena se convierta en un problema propio.
Es el amparo postcontractual. Empieza cuando la obra se recibe y responde si aparecen fallas estructurales o defectos de calidad después de la entrega. Es el que más se olvida y el que más tarde se necesita.
Cuando el contratante es una entidad pública, los amparos, los porcentajes y las vigencias no se negocian: vienen definidos en el pliego y en el contrato, y la aseguradora expide contra ese texto. Tu trabajo es leerlo con el asesor antes de cotizar, porque una garantía que no coincide exactamente con lo exigido se devuelve y el cronograma se atrasa.
En la contratación entre privados hay margen. Ahí las partes acuerdan qué amparos incluir y por cuánto, y la póliza se convierte en una herramienta de negociación: quien la ofrece sin que se la pidan transmite algo concreto sobre su respaldo. Si vas a girar un anticipo alto, exigirla es la forma más barata de proteger ese giro.
Conviene decirlo sin rodeos: esta póliza no es automática. A diferencia de un seguro de hogar o de auto, aquí la compañía está garantizando que una empresa cumpla, así que hace un estudio previo parecido al de un banco.
Con base en eso la compañía aprueba, pide contragarantías o niega. Y esa respuesta toma días, no minutos. Empezar el trámite la víspera de la firma es la causa más común de contratos que se caen.
Cada amparo corre por su cuenta. La seriedad de la oferta vive entre la presentación de la propuesta y la firma. El cumplimiento y el anticipo cubren la ejecución y suelen extenderse un tiempo adicional después de terminado el contrato, porque los incumplimientos aparecen en la liquidación, no antes. Los salarios y prestaciones se extienden todavía más, siguiendo los plazos de prescripción de las obligaciones laborales. Y la estabilidad de la obra arranca justo cuando todo lo demás termina.
Si el contrato se prorroga o se adiciona en valor, hay que modificar la póliza. Una garantía que quedó corta frente al contrato modificado, en la práctica, no protege.
El contratante declara el incumplimiento y presenta la reclamación con soportes: el contrato, las actas, las comunicaciones enviadas al contratista y la cuantificación del perjuicio. La aseguradora estudia el caso y paga hasta el valor asegurado del amparo afectado.
Después viene la parte que el contratista suele descubrir tarde: la compañía repite contra él por lo pagado. El seguro de cumplimiento protege al contratante, no al contratista. Además, un siniestro pagado afecta el cupo y encarece —o cierra— las pólizas siguientes, que es lo que de verdad duele en un negocio que vive de contratar.
Calma es una agencia de seguros. Leemos el pliego o el contrato contigo, identificamos qué amparos, porcentajes y vigencias exige, y comparamos las condiciones de varias aseguradoras en vez de empujarte a una sola. La asesoría no tiene costo y un asesor te acompaña desde la cotización hasta la reclamación, incluidas las modificaciones cuando el contrato cambia.
Las coberturas exactas y sus límites varían por aseguradora y por plan. En la asesoría te mostramos el detalle de cada una.
Lo pueden tomar entidades estatales, personas naturales y empresas particulares. En la práctica lo constituye el contratista a favor del contratante, que es quien queda protegido si el contrato no se cumple.
No. Son amparos distintos dentro de la misma garantía. La seriedad de la oferta opera antes de firmar, y el cumplimiento durante la ejecución. Cada uno tiene su propio valor asegurado y su propia vigencia, y si el pliego exige ambos hay que expedir ambos.
No. Hace un estudio previo del contratista: capacidad financiera, experiencia en contratos similares, capacidad operativa, cupo disponible e historial de siniestros. Puede aprobar, pedir contragarantías o negar, y la respuesta toma días. Conviene empezar el trámite con antelación a la fecha de firma.
Más allá de la entrega. El cumplimiento y el anticipo suelen extenderse un tiempo después de terminado el contrato porque los incumplimientos se detectan en la liquidación; el amparo de salarios se extiende siguiendo los plazos de prescripción laboral, y el de estabilidad de la obra empieza cuando la obra se recibe.
Hay que modificar la póliza para que el valor asegurado y la vigencia coincidan con el contrato vigente. Una garantía que quedó corta frente a la adición no protege esa diferencia.
El contratante declara el incumplimiento y reclama con soportes: contrato, actas, comunicaciones y cuantificación del perjuicio. La aseguradora paga hasta el valor asegurado del amparo afectado y después repite contra el contratista por lo pagado.
Sí. En contratación privada las partes acuerdan qué amparos incluir y por cuánto. Si vas a girar un anticipo alto, exigir el amparo de buen manejo del anticipo es la forma más económica de proteger ese giro.
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